La corrupción, entendida como el abuso del poder para beneficio propio, sea a gran o menor escala, o bien de tipo política, se traduce en la pérdida de fondos que repercute indiscutiblemente en la ciudadanía, no obstante, no de la misma forma.

Desde la perspectiva de género, la discriminación, la invisibilización y la exclusión en términos de derechos y capacidades entre hombres y mujeres, la corrupción tiene repercusiones diferenciadas; debido a que la malversación de los ingresos públicos impacta en la reducción de servicios y en el acceso a las oportunidades de los sectores de la población en contextos vulnerables o de mayor riesgo, como son la niñez y las mujeres.